El oso que no lo era
¡Imagina despertar después de un largo sueño y que nadie te reconozca! Eso mismo le pasa a nuestro amigo, un oso bien dormilón que, al abrir los ojos después de hibernar, se encuentra ¡en medio de una ruidosa fábrica! Lo más increíble es que el capataz y todos los empleados le insisten que no es un oso, sino "un hombre tonto, sin afeitar y con un abrigo de pieles". ¿Podrá este oso recordar quién es realmente cuando el mundo entero le dice que es otra cosa? Este clásico de Frank Tashlin es una fábula llena de humor y con dibujos expresivos que te harán pensar en la importancia de ser uno mismo, incluso cuando la mayoría intenta convencernos de lo contrario. Explora temas universales como la identidad, la presión social y cómo la naturaleza se enfrenta al progreso de la industria. Es una invitación a la reflexión para niños, padres y profesores, ideal para conversar sobre el respeto a nuestro entorno y la libertad de pensamiento. "El oso que no lo era" es un cuento precioso que nos recuerda la fuerza de nuestra propia esencia y la importancia de no perdernos en lo que otros esperan de nosotros. Es una joya de la literatura infantil que, con su mensaje atemporal, sigue resonando en nuestro Chile de hoy, invitándonos a proteger nuestra identidad y nuestros espacios naturales. ¡Descubre junto a este oso que a veces, lo más importante es escuchar lo que dice nuestro propio corazón!
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Sobre el autor
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Francis Fredrick von Taschlein, más conocido como Frank Tashlin, fue un influyente animador, caricaturista, escritor y director de cine estadounidense. Nació el 19 de febrero de 1913 en Weehawken, Nueva Jersey, y desde temprana edad mostró un gran interés por el dibujo, lo que lo llevó a abandonar la escuela secundaria a los 13 años para buscar trabajo en el mundo de la animación. Sus inicios en la década de 1930 lo vieron pasar por estudios como Fleischer Studios, Van Beuren Studios y, notablemente, Warner Bros., donde se convirtió en un animador clave de los icónicos cortos de "Looney Tunes" y "Merrie Melodies". Tashlin se destacó por su enfoque innovador en la animación, aplicando técnicas cinematográficas como ángulos de cámara y cortes rápidos, poco comunes para la época. Además, creó su propia tira cómica, "Van Boring", y contribuyó como guionista para Disney en la serie de Mickey Mouse y el Pato Donald. En 1946, Tashlin transitó del mundo de la animación a la dirección de películas de acción real, llevando consigo su estilo visual distintivo, caracterizado por el humor exagerado, el ritmo vertiginoso y gags visuales que recordaban a sus trabajos animados. Dirigió películas populares que catapultaron a estrellas como Bob Hope, Dean Martin y Jerry Lewis, y Jayne Mansfield, entre ellas "Artists and Models" (1955), "The Girl Can't Help It" (1956) y "Will Success Spoil Rock Hunter?" (1957). Su visión particular para la comedia fue muy apreciada, especialmente por críticos franceses asociados a la revista Cahiers du Cinéma, quienes vieron en él a un autor con una voz única. Frank Tashlin falleció el 5 de mayo de 1972 en Los Ángeles, California, a los 59 años, debido a una trombosis coronaria, dejando un legado significativo en la forma en que la animación influyó en el cine de comedia.
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