La tortuga cabezota
¡Atención, futuros aventureros y pensadores! ¿Alguna vez se han preguntado hasta dónde los puede llevar la perseverancia más insólita? "La tortuga cabezota" de Michael Ende nos presenta a Tranquila Tragaleguas, una tortuga que, contra todo pronóstico y a pesar de su ritmo pausado, decide emprender un larguísimo viaje. Su destino: la fastuosa boda de Leo Vigésimo Octavo, el Gran Sultán de todos los animales. En su camino, Tranquila se encuentra con una serie de personajes que, con buenas o no tan buenas intenciones, intentan disuadirla de su misión, recordándole lo lenta que es y lo lejos que aún le queda. Pero nuestra protagonista es testaruda y fiel a su decisión, repitiendo una y otra vez su mantra: "paso a paso... tomé una decisión...". Este relato entrañable celebra la tenacidad y la fuerza de voluntad, mostrando que los grandes logros no siempre dependen de la velocidad, sino de la constancia. Ende, con su maestría narrativa, nos invita a reflexionar sobre la importancia de la propia determinación frente a las dudas externas. Es un recordatorio de que cada paso cuenta y que la autonomía para decidir y seguir un camino es valiosa. En el contexto chileno, donde la resiliencia y el esfuerzo son tan apreciados, la historia de Tranquila resuena con la capacidad de sobreponerse a los obstáculos y seguir adelante, a nuestro propio ritmo. Leer "La tortuga cabezota" es sumergirse en una fábula sencilla pero profunda, ideal para quienes están comenzando a explorar la lectura de textos más largos. Su lenguaje claro y su protagonista inolvidable la hacen perfecta para un análisis en el aula o para disfrutar en casa, inspirando a pequeños y grandes a valorar su propia iniciativa y a no desistir ante los desafíos. ¡Descubre la increíble aventura de Tranquila y deja que su espíritu inquebrantable te motive a alcanzar tus propias metas!
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Sobre el autor
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Michael Andreas Helmuth Ende fue un destacado escritor alemán de literatura fantástica y de ficción infantil, nacido el 12 de noviembre de 1929 en Garmisch, Baviera, Alemania. Hijo del pintor surrealista Edgar Ende y la fisioterapeuta Luise Bartholomä Ende, creció en un ambiente artístico en Múnich, influenciado por la obra de su padre, la cual fue declarada "arte degenerado" y prohibida por el régimen nazi. Durante la Segunda Guerra Mundial, Ende se negó a unirse al ejército, destruyendo sus papeles de reclutamiento para unirse a un grupo de resistencia antinazi.
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